martes, 7 de febrero de 2012

El hombre de mis sueños



Me iba a acostar como todas las noches deseando poder descansar, pero hacía noches que no lo conseguía. Dormía pero me levantaba mucho más cansada que cuando me acostaba. Sabía que llevaba noches teniendo pesadillas porque me levantaba con una sensación de angustia permanente que me impedía ser feliz. Suspiré. Igualmente tenía que dormir y suplicar a Morfeo que me dejase descansar en sus brazos y no me torturase con pesadillas.

Cerré los ojos porque me empezaban a picar del sueño. ¿Hacía cuántas noches que no dormía bien? Creo que fue mi último pensamiento coherente.

Estaba en casa de mi abuela en una comida familiar, estábamos todos allí. Éramos una familia muy grande pero esencialmente feliz. Nos encontrábamos alrededor de la mesa y era de noche. Lo sabía porque a través de las ventanas solo se veía oscuridad. Mi madre se encontraba cocinando y uno de mis tíos le ayudaba, los demás nos encontrábamos hablando de cosas banales, poniéndonos al día de los sucesos más relevantes de nuestras vidas. Hacía tanto tiempo que no nos veíamos... Era lo malo de vivir tan separados, casi en la punta contraria del país. Escuchamos el timbre así que nos dispusimos a abrir a la prima que faltaba. ¡Si!, llegaba tarde mi prima. No pasa nada, era de entender porque tenía dos niños pequeños.

En cuanto salí a ver el coche no lo reconocí pero mi madre y mi tío, que eran los que más cerca se encontraban, ya habían ido a abrir la puerta. Todo el mundo cambia de coche hoy en día, más veces de las que se debería. Todo pasó muy rápido. Un desconocido con mirada demoníaca, si no hay otra palabra para describirlo, se encontraba ya en la parte superior de las escaleras del porche y yo me encontraba como una idiota parada con la puerta abierta. En cuanto reaccioné cogí el pomo de la puerta para cerrarla pero me miró directamente y me paralicé, un segundo de indecisión que iba a ser mi perdición. Se acercó con la una rapidez inhumana a mi y me tocó el hombro dejándome paralizada, pero esta vez no por mi idiotez. Una pizca de electricidad, no sé como definirlo, recorría mi hombro y llegó a todo los músculos de mi cuerpo haciendo que fuese una estatua de lo más convincente.

Me cogió y me llevó con él. No sé a donde, era una habitación sombría en la que no había otro color que no fuese el negro. Era demasiado tétrico.

-¿Qué es lo que está pasando?- pregunté armándome de valor.
-Te he estado buscando. Todas las noches iba a buscarte pero hasta hoy no te encontré- declaró.
-¿Por qué me buscabas?- pregunté con indecisión.
-No necesitas saberlo – dijo con autosuficiencia.
-Vale, señor “no-necesitas-saberlo”. Me largo. - concluí furiosa.

Sorprendentemente, encontré la puerta abierta así que decidida a no dudar comencé a correr por los pasillos cada vez más lúgubres y los pasos que me perseguían se pararon. Me apoyé en la pared y respiré aliviada pero aún dispuesta a escapar. Me erguí y él estaba delante mía. Fruncí el ceño.

-¿Cómo has llegado hasta aquí sin hacer ruido?- pregunté furiosa por mi ineptitud. Debería haber seguido corriendo.
-Mi guerrera- dijo acercándose peligrosamente a mi- Te encontraría en el mismísimo infierno si hiciese falta- dijo sonriendo por primera vez.
-No esperarás que me ría, ¿verdad?- ironicé cansada de él comenzando a andar hacia el camino contrario por el que había venido.
-Por aquí- dijo cogiéndome del codo y guiándome firmemente por donde había venido.

Me negué a hablarle aún cuando me tiró con brusquedad a la cama y cerró la puerta con un sonoro golpe. Me estremecí involuntariamente. Esto estaba volviéndose demasiado peligroso. Reculé en la cama pegándome al cabecero. Sonrió. Maldito idiota, se las haría pagar. Se quitó la camisa dejando su torso al descubierto, mi vista se fue involuntariamente hacia él. Tenía unos pectorales marcados y unos abdominales envidiables... ¿Estaba alabándolo? Cerré los ojos y negué con la cabeza.

Estaba en la cama, lo supe porque el colchón se hundió bruscamente. Noté el calor de su aliento en mi cara, pero me mantuve inmóvil.

-Mírame, por favor- dijo suavemente.

Abrí los ojos ante su tono, suplicante, vulnerable. Lo encontré mirándome con esos ojos de color miel. Nadie tenía unos ojos así, parecían los ojos de un animal. Acercó sus labios tentativamente, ¿me negaría? No, no quería perder esa oportunidad de probarlo. Me acerqué más a él facilitándole el trabajo. Nos besamos con suavidad al principio y después se fue volviendo más intenso. Me cogió de las piernas y tiró hacia él de tal manera que quedé tumbada sobre la cama. Me sobresalté e intenté incorporarme pero él no me lo permitió. Se tumbó encima de mí, entre mis muslos. Lo noté duro sobre mi y me quedé estática, sin saber qué hacer.

-¿Quieres que continúe?- preguntó conteniéndose.
-No lo sé- dije siendo sincera.
-Está bien. Será mejor que vuelvas- susurró acariciándome la mejilla y separándose de mí.
-¿A dónde?- pregunté confusa.
-A tu casa- dijo.
-¿Cuándo te volveré a ver?- pregunté. Me dolía más de lo que estaba dispuesta a admitir que me dejase ir sin más. ¿Me convertía eso en una masoquista?
-No sé si nos podremos volver a ver- dijo- Lo siento.

No iba a perder esa oportunidad. No quería perder esa oportunidad. Sabía a un nivel elemental que él no era un peligro para mi. Me incorporé ligeramente y lo atraje hacia mí. Lo besé con todas mis ansias puestas en aquel beso. Lo necesitaba. Gimió contra mi boca. Me arqueé hacia él y lo volví a tumbar encima mía para sentirlo más de cerca. Estaba aún duro. Me dejó de besar para prestar atención a mi cuello y descendió lentamente hasta encontrarse con mis pechos a los cuales prestó muchísima atención. Yo cada vez estaba más necesitada de su atención y no era capaz de coordinar mis movimientos. Me movía pegándome a él y gemía sonoramente.

Se quitó sus pantalones con un movimiento grácil y me dejó ver su miembro. Tan grande, duro e imponente. Suspiré. Me quitó la ropa rápidamente sin ningún tipo de consideración, pero no la necesitaba. Me penetró hábilmente y comenzó a moverse dentro de mi. Pronto en la habitación solo se escuchaban nuestros suspiros entrecortados por la pasión. Me aferré a él y gemimos. Estábamos tan cerca del orgasmo, se podía palpar en el ambiente que la pasión estaba en su punto álgido.

Hizo una maniobra en la cual terminamos con las posiciones invertidas. Yo me encontraba encima de él pero no quería perder ese ritmo tan intenso que habíamos impuesto. Me moví sobre él con avidez arrancándole gemidos. Me aferró las caderas con fuerza y gritamos a la vez. Estaba exhausta y me tumbé a su lado. Se había derramado dentro de mí. ¿Tendría que preocuparme? En otro momento quizás...

-Silvia- dijo con voz cansada.
-¿Cómo sabes mi nombre?- pregunté con una sonrisa. Poniéndome encima de su pecho mirándole a los ojos.
-No hay nada que no sepa de ti, soy un demonio- dijo sencillamente, como si lo explicase todo. Pero no lo hacía, simplemente lo dejé pasar.
-¿Qué va a pasar ahora?- pregunté apretando involuntariamente mis manos alrededor de su pecho.
-Te tienes que ir...- dijo con algo parecido a la tristeza.
-¿Por qué?, ¿cuándo volveré a verte?- pregunté.
-No lo sé, quizás dentro de poco. Quizás nunca. Te amo.- dijo

Fue lo último que escuché y vi. Su cara triste y su voz llegándome desde muy lejos. Me acababa de despertar. ¿Por qué?, ¿cómo? ¿Era solo un sueño? Suspiré. Eso parecía. La vuelta a la rutina nunca se había echo tan difícil...

2 comentarios:

  1. Hola! A decir verdad, ya ni recuerdo como llegue hasta tu blog. Pero el título de la entrada capto mi atención y decidí hacer un alto para leerlo.
    Si me permites, me gustaría decirte que la idea del hombre incubo soñado fue bastante original.
    Pero tienes algunas fallas en tu redacción, que en verdad le quitan lustre a la trama.
    En primer lugar mezclas los tiempos de primera a tercera persona, sin ninguna clase de advertencia. Incluso en un mismo párrafo, eso honestamente confunde.
    También he notado algunos detalles en la escritura, pero nada excesivamente alarmante. Aunque si de algo sirve mi observación, te aconsejaría que intentes utilizar mas sinónimos.
    Repites demasiado la palabra "dije o dijo" cuando existen muchas otras que podrían servir al mismo cometido.
    Sacando esos detalles, la verdad es que tienes potencial.
    Me agrado leerte y espero que mis palabras no sean una molestia.

    Te dejo un saludo. Hasta pronto.
    Eve.

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    Respuestas
    1. En absoluto Eve!
      Eso es lo que llamo yo una crítica constructiva!
      La verdad es que me pasa muchísimo lo de mezclar los tiempos, es algo horrible, lo sé. En cuanto pueda lo revisaré porque he revisado otros escritos pero justamente este lo tengo sin corregir. Perdón a todos!
      Lo de los "dije" o "dijo", es que me mata escribir siempre lo mismo, pero a veces mi mente no encuentra sinónimos, de todos modos eso ya lo tengo corregido en este relato, aunque lo tengo que actualizar así que lo haré todo a la vez.
      Un besazo Eve y muchísimas gracias por tomarte tu tiempo y emplearlo en ayudarme a mejorar.

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Gracias por comentar.

Susana Barreiro. Con la tecnología de Blogger.

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