lunes, 5 de marzo de 2012

5 - Confesión



Cuando entramos a casa, todos se fueron a sus habitaciones a descansar.
-Te haces tú cargo del profe- dijo Tom- Nosotros ya hemos hecho demasiado esta noche.
-Gracias-les dije a todos antes de que subiesen las escaleras.


-Pegar a Mateo ha sido un placer. Es un engreído- dijo Dani con una sonrisa ladeada y prosiguiendo su camino.
-Por la señorita lo que sea-dijo Nico, dejándome un botiquín en mis manos.
-Buenas noches- dijo Tom en lo alto de las escaleras.
-Bueno... vamos a la sala- le dije a Jorge mientras lo dirigía hacia el salón- Siéntate- ordené señalando el sillón que se encontraba más cerca de la lampara.
-Vale-accedió.
Le limpié la herida que tenía en la ceja que era la que sangraba, las demás parecían moratones que iban tomando forma levemente. Mañana iba a tener un gran dolor. Cuando terminé me senté en el brazo del sillón a su lado y suspiré.
-Mañana te va a doler mucho más- declaré.
-Lo sé- dijo sin mirarme a los ojos.
-¿Por qué?-pregunté llanamente.
-Estabas negándote. Solo quería ayudar. Supongo que no lo hice demasiado bien- confesó.
-No quería que te hicieses daño. Siento mucho que siempre nos veamos en el peor momento- dijo finalmente.
-Pero me evitas siempre. Así que nunca parece ser un buen momento para ti-dijo clavando su intensa mirada en mi.
-Lo siento... Es que... Yo...- me sonrojé.
-¿Tú qué?-preguntó curioso.
-Nada-dije desviando la mirada. Cualquier cosa era mejor que encontrarme con la insondable mirada del profesor. A veces parecía tan frío y otras en cambio... No, por ahí no, no debían ir mis pensamientos.
No sé en qué momento se levantó y se sitúo delante mía. Supongo que cuando estaba debatiendo con mi conciencia... Me acarició la mejilla con suavidad y yo solo alcancé a suspirar mientras alzaba mi mirada y me quedaba hipnotizada por esos ojos tan hermosos.
-Silvia- susurró- No te alejes de mí otra vez.
-No entiendo-dije frunciendo el ceño.
Acercó sus labios a los míos y tomó posesión de ellos. Me estaba marcando, lo sabía, ese sentido de posesión era palpable en cada movimiento de su beso. Prolongamos el beso al máximo hasta que ninguno de los dos era capaz de respirar sin dificultades. Estaba totalmente ruborizada. El calor se extendía por mis mejillas como un fuego. Bajé la vista avergonzada por mi respuesta.
-Me gustas Silvia, desde el día que te vi entrar en mi clase. Por eso fui tan desagradable contigo, no podía tenerte cerca. Soy demasiado débil. En cualquier momento iba a tomarlo todo de ti, porque quiero eso, todo de ti- dijo mirándome con algo parecido al amor y a la tristeza. ¿Sería eso posible?-Sé que amas a esos chicos y son buenos. Supongo que debería irme.
-No te vayas-dije sin pensar.
-¿Puedo besarte? ¿Aunque solo sea una vez más?-preguntó con tristeza.
-Si-dije. No podía negarme. A mí también me gustaba y mucho, pero... ¿cómo decirle eso a tu profesor?
Me cogió con suavidad y me levantó del asiento. Posó las manos en mi cintura y me miró a los ojos, pero no se movía, simplemente me miraba como memorizando cada rasgo de mi cara. No pude soportarlo más y eliminé la distancia que nos separaba. Solo quería besarle, una vez más como él había dicho. Y lo hice. Nuestros alientos se fundieron, nuestras lenguas danzaron y nuestros gemidos sonaron. Era tan absolutamente perfecto que no iba a dejar que se fuese solo con un beso. Cuando me acercó al él, aproveché para frotarme contra él. Estaba tan duro debajo de esos jeans y yo me sentía tan húmeda...
-Yo...-dijo entrecortadamente- No podemos seguir, sino no pararé.
-No quiero pares-confesé tomando posesión de sus labios.
Seguimos besándonos con frenesí. Yo le quité la camisa que llevaba y me quedé muda con lo que pude observar debajo de ella. Estaba hecho de piedra y lo único que manchaba esa perfección eran los cardenales que le había dejado Mateo.
-¿Estás bien?-pregunté acariciándole ahí donde veía una ligera mancha morada.
-Si-dijo casi con un gemido.
Me miraba con intensidad. Intentando contenerse, pero no pudo. Me agarró la pequeña blusa que llevaba y me la quitó sin miramientos. Gruñó.
-Eres preciosa-dijo acariciándome los costados
-Tú tampoco estás nada mal-dije desabotonando los botones del pantalón.
Me ayudó a quitárselo y después le quité el calzoncillo. Lo vi tan grande y duro delante de mí que no pude evitar cogerlo entre mis manos y probarlo con mis labios. Gimió. Seguí lamiendo más profundamente, me encantaba su sabor. Él acometía contra mi boca con suavidad, conteniéndose. No podía aguantar tanta suavidad, así que impuse un ritmo más rápido porque estaba excitada viéndolo disfrutar y definitivamente necesitaba más.
-Se acabó- dijo él -Túmbate ahí-dijo señalando el sofá.
Me tumbé y él no tardó más de diez segundos en tenerme despojada de toda ropa servible. Estaba totalmente desnuda. Me miró e introdujo un dedo en mi interior. No pude evitar arquearme hacia él ni tampoco el gemido que salió desde lo más profundo de mi garganta. Después de jugar con sus dedos en mi interior, los sacó y lamió sin dejar de mirarme. Abrí la boca sorprendida por la acción pero el parecía estar disfrutando de mi sabor. Sin darme tiempo a replicar, bajó su cabeza y empezó a lamerme, de una forma totalmente avasalladora. Estaba a punto de llevarme a la cima y no podía aguantar más esa tortura, así que le aferré el pelo con mis manos y grité mi liberación. Levantó su cabeza de mis piernas y me miró con algo parecido a la desesperación.
-Te necesito-dijo Jorge.
-Y yo a ti-respondí.
Se situó con delicadeza encima mía e introdujo su pene en una estocada certera. Me removí incómoda. Él me miró sorprendido.
-Eras virgen-susurró.
-Ya no lo soy-dije moviéndome.
Gimió.
-Me vuelves loco. No soy capaz de controlarme- confesó.
-No quiero que te controles- afirmé con seguridad.
Me miró a los ojos y comenzó con un suave vaivén hasta que me acostumbré. Yo alzaba mis caderas con desesperación para que llegase más profundamente y con más fuerza. Él pareció entender y me dio lo que estaba deseando. Estábamos sudando y yo estaba muy cerca. Empecé a gemir sin control e incrementamos el ritmo aún más. Grité otra vez más mi liberación y él me siguió, derramándose en mi interior. Cayó encima mía rendido.
-Silvia- susurró después de unos minutos- Tendrías que haberme avisado.
-No había motivos. Disfruté como nunca-confesé.
-Disfrutarás más las próximas. Te lo prometo-dijo con intensidad.
-Esto...- comencé a objetar.
-No son tus novios ni amantes, ¿verdad?-preguntó con una sonrisa.
-Ya sabes que no. Son como hermanos para mi- le confesé.
-Me alegro. Porque el único que va a poder probarte soy yo. -dijo mirándome con intensidad.
-Eso es lo que piensas, pero... -dije conteniendo una sonrisa y poniendo seria- ya sabes... eres muy mayor para mí.
-De eso nada, o eso dijiste...-dijo mirándome con calidez- Solo tengo 30 años. Soy un chaval.
-Yo solo tengo 18-dije arqueando las cejas- ¿No crees que eres un asaltacunas?-pregunté divertida.
Gruñó. Sellamos nuestros labios con un profundo y cálido beso.
-Necesitas descansar-dijo Jorge.
-De eso nada- dije atrayéndolo hacia su cuerpo.
Me cogió de las caderas y comenzó a embestirme.
-Vamos a hacer el amor- dijo Jorge con emoción contenida.
-Muchas veces-repliqué yo con una sonrisa.


¿¿¿FIN???

3 comentarios:

  1. Hola, qué tal?
    Por ahora este es el capítulo que más me gustó, jaja..
    Pero muy buenos todos, estoy deseando descubrir el final, pero al mismo tiempo no quiero que termine, es una gran contradicción!!!
    Felicidades porque eres una estupenda escritora.
    Besos y un saludo.

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    Respuestas
    1. Hola!! Muy bien, y tú?
      Te tengo que decir que este es el último capítulo!! Es que deja pensar que puede haber una continuación y a lo mejor... bueno esto... si me lo pide mucha gente si que la haré, jaja.
      Muchas gracias por comentar y siento mucho lo del final tan abierto pero es que siempre todo puede continuar!!

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  2. Wow!, k escena más caliente, algo precipitada, pero intensa!

    Y como no, tienes k hacerle continuación!, jejeje

    Ha sido un placer leerte... bs!

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Gracias por comentar.

Susana Barreiro. Con la tecnología de Blogger.

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