jueves, 4 de octubre de 2012

2- El día siguiente


Me desperté en cuanto sentí que el sol me daba directamente en la cara, así que me di la vuelta intentando evitarlo otro rato más y seguir durmiendo plácidamente. Suspiré, ya estaba despierta y era incapaz de volver a conciliar el sueño. Tenía un dolor de cabeza horrible, ¿tanto había bebido anoche? Mmm... Anoche aún me podía acordar del baile, de sentirme como una princesa, de Manuel, ¡había estado con Manuel, sus manos, su cuerpo,...! ¡El invernadero! Dios... sí ahora recordaba a ese hombre con aspecto de caballero y modales de matón, que nos había sorprendido a la salida del invernadero. Me levanté de golpe siendo consciente de la situación del peor modo posible. Estaba en una cama desconocida, en una habitación desconocida... todo estaba dando vueltas. Tuve que acostarme de nuevo. Me sentía peor ahora que me había levantado tan bruscamente, debía recuperar la calma, respiré e inspiré suavemente para recuperar el control de mi cuerpo. Me habían drogado y secuestrado, no era la mejor situación del mundo. Tenía que salir de allí.

Me levanté algo más despacio. Y me di cuenta de que ya no llevaba el vestido de anoche, sino un camisón que parecía bastante recatado y como decirlo... ¿anticuado? Me puse las zapatillas que había junto a los pies de la cama y comencé a buscar en el armario para ver donde estaba mi vestido, pero no lo encontré, ¿qué significaba todo esto?, ¿era alguna broma...? No desde luego que no. Nadie gastaría una broma así, al menos nadie en su pleno juicio. Había un montón de vestidos, pero todos parecían salidos de una película antigua y el mobiliario no hacía nada por acallar mis temores, era tan tosco que parecía estar hecho a mano. Eso no era posible, a no ser que el dueño de la casa fuese un coleccionista. Mejor que sea coleccionista de antigüedades que de personas, ¿no? Esto se estaba descontrolando, era muy extraño. Decidí que ya había perdido suficiente tiempo y me dispuse a intentar abrir la puerta. Me sorprendí cuando vi que la puerta estaba abierta y salí silenciosamente al pasillo, miré hacia ambos lados pero todo parecía tranquilo. Empecé a caminar hacia las escaleras. Dudé un segundo antes de bajar, debían de estar todos aún dormidos, ¿tan temprano era? ¡Qué más me daba!, y empecé a correr. Sabía que tenía que salir de allí lo antes posible, pero como si hubiese aparecido de la nada choqué contra alguien en mi desesperada huida. Grité de la impresión. ¡Joder!, menuda manera de escapar más ruidosa que tenía, ahora las cosas se complicaban más para mí. Dudaba de que alguien hubiese podido no oír semejante golpe y el grito que se me había escapado.
Tenía encima a un hombre con cara contrariada. Lo miré otra vez y me di cuenta de que éste tenía el pelo largo hasta los hombros, era pelirrojo y por lo poco que podía vislumbrar estaba ante alguien que parecía un modelo de pasarela. Parece que los chicos malos son más tentadores. Suspiré. Intenté sacármelo de encima. En cuanto se dio cuenta de lo que pretendía me cogió con fuerza las muñecas. Me retorcí todo lo que pude con la intención de zafarme de él, pero lo que conseguí fue acabar anclada al suelo. Ahora estaba mucho peor la posibilidad de escapar, lo tenía justo encima de mí y su cuerpo era como una losa de mármol tibio sobre el mío, haciendo imposible salir de debajo suyo si él no me lo permitía. En resumidas cuentas, estaba profundamente jodida.
-No intentes escapar – dijo amenazante.
- ¿Qué quieres?, ¿qué hago aquí?- dije forcejeando inútilmente debajo de él.
- Pregúntaselo a Sergio cuando lo veas, creo que es un error que te haya traído a su casa, pero él es el que manda – dijo algo más calmado –. Por favor, deja de moverte o...- acentuó su advertencia frotándose contra mí, estaba con las piernas abiertas y el camisón subido hasta la cintura. Me sonrojé.
- Y... yo... déjame levantarme- dije suplicante, estaba pasando muchísima vergüenza.
- No, creo que ahora no lo haré – dijo cambiando de actitud y pretendiendo seducirme- Eres más hermosa de lo que dicen.
- ¿Qui… Quién dice que soy hermosa? - dije totalmente confundida por el cambio en ese hombre. Yo no era nada extraordinaria. No destacaba por mi aspecto. Siempre había sido de lo más normal.
- Yo- dijo categóricamente, como si eso fuese suficiente. Y apretó su cadera contra la mía. Gemí involuntariamente. Él sonrió complacido y comenzó a besarme desesperadamente. Intenté separarlo de mí, pero su beso se volvió más insistente y cautivador. Finalmente, alejando todo rastro de cordura por mi parte, me moví para facilitarle el trabajo y acercarlo a mí. Quería huir pero mi cuerpo quería lo contrario. Se aferró con más fuerza a mis muñecas para luego comenzar a soltármelas y bajar una de sus manos hacia mis pechos. Primero los masajeó a través de la tela y después me bajó el camisón y sustituyó sus manos por su lengua. Era una sensación realmente deliciosa. Mi cuerpo se había vuelto maleable bajo sus manos. Las manos de un desconocido.
Empecé a divagar, pensé en Manuel en cómo me había ocultado algo, me había usado, ¿o no? Al fin y al cabo estaba aquí atrapada, él no parecía que hubiese hecho nada contra aquel Sergio. Me había abandonado.
Mi atención se vio desviada totalmente. Él empezó a lamer mi cuello mientras me acariciaba el pezón y ahí definitivamente, perdí la capacidad de raciocinio. Me apreté con más fuerza, como si fuese lo último en el mundo que me fuese a mantener viva, como si fuese mi tabla de salvación. Él estaba apartándome las bragas para acariciarme más íntimamente. Y me arqueé hacia él, provocando que él me regalase un gruñido. Me había liberado. Y el espacio y tiempo, que debería haber aprovechado para escapar lo usé para acariciar su abultado miembro por fuera de sus pantalones. Apartó sus dedos con brusquedad de mis necesitados labios y me besó con ferocidad. Su beso se había vuelto violento, no lograba obtener suficiente aire, pero seguía forzando a mi boca abrirse a su voluntad. Cuando me liberó me concentré en respirar. Mientras, él no perdía el tiempo y volvía a atormentarme con sus habilidosos dedos, pero esta vez con dulzura. Como si se diese cuenta de que había sido demasiado rudo conmigo y quisiera compensarme. Sus labios acariciaron los míos, tentativamente. Mientras sus dedos tocaban ese punto, que me volvía loca insistentemente. No podía contenerme mucho más. Le apreté con fuerza la mano que estaba usando para darme placer. Sus caricias se volvieron más audaces, más certeras y fueron mi perdición. Los temblores del orgasmo me sacudieron y cuando al fin los espasmos cesaron retiró sus dedos con suavidad.
-¡Roberto! – dijo severamente alguien yo no podía ver. Éste gruñó como única respuesta.
- ¡Roberto!- dijo esta vez mucho más amenazante. Estaba agarrando el vacío. Ya no estaba encima de mí. Estaba en el suelo contorsionándose de dolor por el puñetazo que le había propinado alguien que yo ya conocía. Sergio. 

6 comentarios:

  1. Wow!, esta mujer es una ninfómana!, jajaja Mírala!, dejándose sobar por un desconocido, estando secuestrada en un lugar extraño para ella, jejeje

    Y una vez, aparece Sergio después de que ella haya tenido un orgasmo de nuevo... Que oportuno!, jajaja

    Que ganas de leer más!, espero no tardes mucho en hacerlo.

    Saludos y bs, muak!

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    1. Gracias Dulce!

      Espero que te siga gustando.

      Besos.

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  2. jajajajaja ligera la chica eeh vive los momentos y hace lo que el cuerpo le diga xD ya quieroo seguir leyendoo que pasooo jajaja les hecho a perder el momento a los dos el Sergio jajaja.. Me encantoooooooooooooooo!! Saludos

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    1. Hola Génesis,

      Hay que disfrutar el momento. Espero que te gusten los próximos capítulos.

      Besos.

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  3. Estoy intrigada porfavor cuando seguiras con la siguiente parte !! c:genial trabajo.

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    1. Muchísimas gracias. Pues lo cierto es que lo tenía un poco parado, espero que este año la inspiración esté de mi parte y pueda seguir pronto.

      Un besazo.

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Gracias por comentar.

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