lunes, 15 de octubre de 2012

El hombre de mis sueños. 2º Versión


Es el mismo relato que publiqué con anterioridad, pero modifiqué algunas cosas. Espero que os guste. Os dejo los dos relatos para que podáis compararlos. 

Estaba agotada, hacía días que no disfrutaba de un sueño reparador. Sabía con certeza que mis noches estaban ocupadas por pesadillas, la angustia al levantarme era un signo evidente.

Mis ojos se cerraban solos en cualquier momento del día, pero ahora no quería dormir. Sabía que no serviría de nada y mi malhumor estaba haciéndose demasiado evidente para todos.

Hice un esfuerzo, intentando pensar que esta noche podría dormir plácidamente, pero mi optimismo no aparecía por ninguna parte. Igualmente, cerré mis ojos y me transporté a ese mundo cálido que precede un buen sueño. La tranquilidad era inmensa y me relajé. Empecé a dejarme llevar por recuerdos hermosos, eso podía ayudar.

La casa que tiene mi abuela es un lugar idílico, rodeado de inmensos jardines con una hermosa piscina. Un lugar ideal para estar en familia sin preocupaciones. Estábamos preparando algún tipo de evento familiar, no lograba recordar cuál.

Era de noche, bastante oscura. No sabía por qué aún no se habían encendido las luces que rodeaban el camino hacia la salida, pero no importaba demasiado. Estábamos dentro de casa. Cenando.

El timbre sonó avisando la llegada de un nuevo invitado, probablemente algún familiar. Las luces comenzaron a funcionar, iluminando con delicadeza el camino y mi prima se ofreció a abrir la verja. Yo desconocía a quien estaban esperando, pero ellos no dudaron ni un segundo, así que seguí intentando ver quien era desde la puerta de la casa. No podía recordar el nombre de todos mis familiares, probablemente sería algún primo lejano.

Creo que lo que más me sorprendió fue la rapidez con la que pasó todo. El hombre se encontraba al lado de la verja, y en un parpadeo, en el inicio de las escaleras que conducían a la casa. No podía creerlo y fui demasiado lenta. Cuando intenté cerrar la puerta ya estaba a mi lado cogiéndome del brazo. Lo miré con incredulidad. Mi mente se negaba a aceptar semejante velocidad y eso le dio ventaja sobre mí.

No sé como explicar lo que ocurrió a continuación, solo sé que con su toque me había arrastrado con él. Estaba casi segura de que estábamos en otro tiempo, o qué se yo, en otro mundo, porque no se parecía a nada de lo que había podido ver hasta ahora.

Describir con exactitud la estancia no era complicado. Paredes, suelo, silla, cómoda…Todo de color negro. El único toque de color eran las sábanas de color rojo y las cortinas. Era, como mínimo, inquietante. El color de la sangre y de la noche, no había nada más.

Lo miré. Posiblemente más de lo necesario, pero necesitaba más datos. La velocidad con la que se movió me había dejado noqueada unos instantes y no había asimilado su apariencia. Todo en él irradiaba un aire de extremo peligro. Vestía con ropas negras, sus ojos eran oscuros y crueles, su pelo caía salvajemente por sus hombros y también era negro. No había nada en él que indicase una pizca de luz. Todo era sombrío. Eso solo consiguió aumentar mi inquietud.

-¿Qué es lo que está pasando?- pregunté, armándome de valor.

-Te he estado buscando. Todas estas noches intenté hablarte, pero no me escuchabas- declaró.

-¿Por qué me buscabas?- pregunté.

-No necesitas saberlo– dijo con autosuficiencia.

-Vale, creo que tienes razón. Me voy- concluí furiosa.

Sorprendentemente, encontré la puerta abierta así que, decidida, comencé a correr por los pasillos, que cada vez se volvían más lúgubres, y los pasos que me perseguían se pararon. Me apoyé en la pared para descansar, no estaba acostumbrada a correr, y respiré aliviada pero aún dispuesta a escapar. Me erguí y él estaba delante de mí. Fruncí el ceño.

-¿Cómo has llegado hasta aquí sin hacer ruido?- pregunté curiosa.

-Mi guerrera- dijo acercándose peligrosamente a mi.- Te encontraría en el mismísimo infierno si hiciese falta- dijo sonriendo.

-No esperarás que me ría, ¿verdad?- ironicé cansada de él, comenzando a andar en el sentido contrario por el que había venido.

-Por aquí- dijo cogiéndome del codo y guiándome firmemente por donde había venido.

Me negué a hablarle aún cuando me tiró con brusquedad a la cama y cerró la puerta con un sonoro golpe. Me estremecí involuntariamente. Esto estaba volviéndose demasiado peligroso. Reculé en la cama pegándome al cabecero. Sonrió. Maldito idiota, se las haría pagar. Se quitó la camisa dejando su torso al descubierto, mi vista se fue involuntariamente hacia él. Tenía unos pectorales marcados y unos abdominales envidiables... ¿Estaba alabándolo? Cerré los ojos y negué con la cabeza.

Estaba en la cama, lo supe porque el colchón se hundió bruscamente. Noté el calor de su aliento en mi cara, pero me mantuve inmóvil.

-Mírame, por favor- dijo suavemente.

Abrí los ojos ante su tono, suplicante, vulnerable. Lo encontré mirándome con esos ojos del color de la noche. Nadie tenía unos ojos así, parecían los ojos de un animal. Acercó sus labios tentativamente, ¿me negaría? No, no quería perder esa oportunidad de probarlo. Me acerqué más a él facilitándole el trabajo. Nos besamos con suavidad al principio y después fue creciendo la intensidad. Me cogió de las piernas y me tiró hacia él de tal manera que quedé tumbada sobre la cama. Me sobresalté e intenté incorporarme pero él no me lo permitió. Se tumbó encima de mí, entre mis muslos. Inmovilizándome. Noté su miembro endureciéndose y me quedé estática, sin saber qué hacer.

-¿Quieres que continúe?- preguntó conteniéndose.

-No lo sé- dije siendo sincera.

-Está bien. Será mejor que vuelvas- susurró acariciándome la mejilla y separándose de mí.

-¿A dónde?- pregunté confusa.

-A tu casa- dijo.

-¿Cuándo te volveré a ver?- pregunté. Me dolía más de lo que estaba dispuesta a admitir que me dejase ir sin más.

-No sé si nos podremos volver a ver- dijo.- Lo siento. Me ha costado mucho trabajo comunicarme contigo. Estabas constantemente luchando contra mí.

-Tú eres la causa de mis pesadillas- afirmé.

-Si. No sabía que te ibas a asustar tanto, pero quería verte- confesó.

Había estado buscándome. Quizá debería perturbarme, pero me halagaba. Mucho. Sabía a un nivel elemental que él no era un peligro para mí. Me incorporé ligeramente y lo atraje hacia mí. Lo besé con todas mis ansias puestas en aquel beso. Lo necesitaba. Gimió contra mi boca y se separó de mí.

Con la rapidez que lo caracterizaba se quitó sus ropas. Pude verlo sin ningún tipo de impedimento. Parecía estar esculpido en granito, sus músculos ondeaban con cada movimiento suyo y yo disfruté viéndolo. Me empapé de su imagen como si fuese la más bella escultura. Suspiré.

Su boca capturó la mía. Iniciamos una dulce batalla, que me dejó deseando más. Me quitó la ropa hábilmente, sin ningún tipo de consideración, pero no la necesitaba. Sus manos acariciaron cada rincón de mi cuerpo. Mi piel ardía a cada contacto y no era capaz de hilar ningún pensamiento racional. Solo pensaba en él. Él era el hombre que había estado esperando.

Sus manos separaron con cariño mis piernas y llenó de besos mi cuello. Aún sabiendo lo que venía a continuación, no estaba preparada. En cuanto su miembro penetró en mí, sentí como el dolor me atravesaba.

-¿Estás bien?- preguntó con preocupación.

-Si. No pares o me perderé la parte buena del sexo- dije con un toque de picardía.

-No lo haría por nada del mundo- dijo sonriendo ampliamente. Quizá sí había algo de luz en él.

Hizo una maniobra en la cual terminamos con las posiciones invertidas. Supuse que era para que yo pudiese marcar el ritmo, pero me sentí tímida. Cogió mis caderas y las movió con suavidad, instándome a seguir moviéndome. La sensación fue magnífica. Mi jadeo de sorpresa llenó la estancia.

-¿Te gusta?- preguntó.

-Mucho- confesé.

Para mostrárselo volví a moverme nuevamente, al principio con timidez y después con impaciencia. Sentí como el orgasmo se estaba creando en mi interior. Mi necesidad crecía a la par que la de él. Sus manos aferraban cada vez con más fuerza mis caderas. Era una sensación deliciosa. Aumentó la intensidad, al mismo tiempo lo hicieron nuestros suspiros.

El orgasmo me arrastró y solo pude gritar mi liberación. Segundos después él hizo lo mismo y sentí como se derramaba en mí. Nunca me había sentido más completa.

-Silvia- dijo con voz cansada.

-¿Cómo sabes mi nombre?- pregunté con una sonrisa. Poniéndome encima de su pecho lo miré a los ojos.

-No hay nada que no sepa de ti, soy un demonio- dijo sencillamente, como si lo explicase todo. Pero no lo hacía, simplemente lo dejé pasar.

-¿Qué va a pasar ahora?- pregunté apretando involuntariamente mis manos alrededor de su pecho.

-Te tienes que ir...- dijo con algo parecido a la tristeza.

-¿Por qué?, ¿cuándo volveré a verte?- pregunté.

-Cada noche- dijo.

Fue lo último que escuché. Me acababa de despertar. ¿Por qué?, ¿cómo? ¿Era solo un sueño?

Vi una nota y sentí mi pulso acelerarse.

Cada noche tuyo,

Ezequiel.

Eso disipó todas mis dudas y me levanté con fuerzas renovadas. Mi vida acababa de cambiar.

6 comentarios:

  1. No había leído la primera versión, me gusta muchísimo el relato y tu estilo, no es sencillo hilar tan bien en la narración, te felicito.

    Besos y feliz semana.

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    Respuestas
    1. Gracias Aglaia,

      Te acabo de enviar un mail.

      Muchos besos.

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  2. Respuestas
    1. Me alegro un montón. Tenía miedo de fastidiar el relato, jeje.
      Muchos besos.

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  3. Respuestas
    1. Rosa!
      Que alegría que te guste.
      Besitos.

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Gracias por comentar.

Susana Barreiro. Con la tecnología de Blogger.

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